viernes, 26 de agosto de 2011

A veces no nos damos cuenta hasta que lo perdemos

Un título algo largo, si, pero viene muy bien para lo que quiero expresar:
A veces, no damos suficiente valor a las cosas hasta que las perdemos, o ya no las tenemos. Esto es algo que uno se da cuenta cuando es demasiado tarde. Hoy me podría haber pasado algo similar, aunque el valor que le doy es muy grande, debo decir.


Estoy hablando de mi gato, Rufas, que hoy nos ha dado un pequeño apuro cuando eran la 1 del mediodía y no aparecía por ningún lado. Normalmente a mi gato le gusta darse largos paseos por la terraza de mi casa y por aquella zona, así que al principio no le he dado mucha importancia al hecho de que no estuviera. Pero conforme iban pasando las horas, cada vez me ha extrañado más no verlo, hasta que he decidido ir a dar una vuelta, para ver si lo veía por las terrazas vecinas(algunas de ellas deshabitadas, por eso sé que va allí) Al no verle por ningún lado me han venido a la cabeza montones de situaciones, la mayoría trágicas, algunas más que otras. Empezaba a pensar que se había caído y se había largado, lo que no me hacía levantar mucho la moral. Tras dar un segundo paseo y no verle, las esperanzas de encontrarlo se desvanecían, pero cuando me he fijado en un punto negro, en el tejado, y he visto que se movía, me he llenado de alegría. Al final resultó que solo había ido a la terraza de los vecinos para estar con sus gatos, que parece ser que se han hecho amigos.
Solo quería comentar esto, ya que me ha hecho reflexionar, que puede ser que no piense mucho en ello, o que no le de tanta importancia, pero si mi gato no estuviera faltaría algo en casa, algo que no se podría reemplazar.


Como comentario solo debo decir que nunca antes había llorado de alegría y emoción en mi vida. Así lo dejo.