sábado, 12 de enero de 2013

Reconfortante sería la palabra... quizás

Un pequeño texto de carácter reflexivo que he improvisado en esta tranquila noche. No tiene nada que ver con algún asunto personal, solo me apetecía escribir algún fragmento como éste ya que hacía tiempo que no creaba nada, y precisamente hoy me ha venido la inspiración. Quizás sirva para ayudar a alguien que necesite reflexionar o algún que otro ánimo; nunca se sabe.

-¿Qué temes?- preguntó - ¿No ser lo bastante bueno? ¿fallar? ¿fracasar?-
Una caricia me pasó rozando suavemente la mejilla. Este gesto me tranquilizó, sabía que no podía desfallecer, que en ese momento era imposible.
Una brisa de aire me pasó cerca del rostro, aclarando mi cabeza y las ideas que pasaban por ella. En seguida supe que todo lo que tenía por delante no eran obstáculos, sino pruebas que debía superar para avanzar en mi camino.
-Puedes hacerlo- me susurró – en ningún momento pienses que no eres capaz- hizo una pausa corta- lo conseguirás...jamás lo dudes-

De algún modo sabía que tenía razón. La voz que me susurraba todas aquellas ideas, que me animaba y me daba coraje decía la verdad; que no fallaría si así lo deseaba. De aquella manera me percaté de mi deber y de mi objetivo: jamás retroceder, siempre adelante sin dudarlo.

-Tú...- dijo lentamente- tienes todo el potencial para lograrlo, sólo te falta creerlo. Cuando lo hagas saldrás victorioso de esta lucha que te incumbe.-

Cuando concluyó me percaté de lo que decía, de lo que me intentaba mostrar. Jamás hubiera pensado que me daría tanta fuerza, pero así era. Esas palabras que me llegaban al oído me reanimaban y reconfortaban.

- Tienes razón- dije pausadamente- me he dado cuenta de que el camino está allí, sólo lo tengo que atravesar sin temor alguno y entonces... sabré que he vencido-
Me fijé en su mirada: unos ojos reconfortantes me observaban con ternura. Por su expresión deducí que aquellas palabras eran las que había querido sustraer de mi interior.
Antes de darme cuenta ya se estaba desvaneciendo entre la oscuridad.

-¿Adónde vas?- le pregunté inquieto
- Ya he cumplido mi objetivo, ahora es tu turno- respondió solemnemente
- Gracias...- concluí mientras la oscuridad volvía a cubrirlo todo por completo.

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